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Dolores musculares

El dolor más común en el día a día

22 junio 2020

En España, así como en el resto del mundo, el dolor es una de las principales causas de sufrimiento y discapacidad, la consulta médica más habitual, afectando enormemente a la calidad de vida de las personas que lo padecen. Se calcula que en nuestro país el 29% de la población no hospitalizada padece algún dolor, y que la mayoría padecerán algún tipo de dolor a lo largo de su vida. En estas estadísticas, no se incluye los pacientes oncológicos o de origen neuropático, ya que su prevalencia sería mucho mayor.

Debido a que el dolor es una experiencia subjetiva, con una fuerte interacción de muchos factores que pueden influir en su percepción, las formas en que se puede presentar son muy variadas, y los tratamientos deberán ser personalizados y teniendo en cuenta dichos factores.

Las localizaciones más habituales dependen en gran medida de las características de determinados grupos de población. Por ejemplo, existen lesiones características en deportistas, en músicos, o en diferentes profesiones.

Con el objetivo de poder detectar, tratar y prevenir el dolor, primero vamos a hablar de sus diferentes tipos y localizaciones.

¿Cuáles son los dolores musculares más comunes?

El dolor muscular, también conocido como mialgia, es la principal causa de dolor crónico en nuestro país, originando gran impacto sanitario, laboral y social. Se debe principalmente a lesiones, impactos, sobrecarga o estrés tensional, aunque también puede ser de origen metabólico, debido a infecciones, inflamaciones, intoxicaciones o diferentes enfermedades que afectan los músculos.

Las causas más frecuentes son:

  • Contracturas: contracción mantenida e involuntaria de las fibras musculares.
  • Distensiones o roturas: las fibras se estiran por encima de su capacidad, o se rompen.
  • Fibrosis miotendinosa: el tejido se endurece y pierde sus cualidades.
  • Osificación muscular: se forman calcificaciones de las fibras miotendinosas.
  • Fibromialgia: se altera la percepción del dolor.
  • Miofascial: el tejido que cubre los músculos, o fascia, se tensa o inflama.

Dependiendo de su localización, los más más habituales en la consulta son:

  • Lumbalgia: zona baja de la espalda.
  • Cervicalgia: zona del cuello.
  • Cefaleas: dolor de cabeza asociado a tensiones musculares.
  • Tendinitis: inflamación de los tendones.

¿Y cuáles son los dolores articulares más comunes?

El dolor articular es el que se produce dentro de las articulaciones o alrededor de ellas, suelen ocasionar limitación o incapacidad en el movimiento. Como ya hemos mencionado, este tipo de dolor también está muy relacionado con el tipo de actividad habitual que realizamos. Pero a grandes rasgos, las principales afectaciones a nivel articular son:

  • Esguinces: cuando los ligamentos que unen dos huesos se distienden o rompen.
  • Dislocaciones: se produce un desencaje de la estructura articular, desplazando los huesos de su sitio habitual.
  • Lesiones meniscales: cuando se afecta alguno de los meniscos que hay en diversas articulaciones del cuerpo.
  • Artrosis: más relacionada con el desgaste y el envejecimiento de las articulaciones.
  • Artritis: proceso inflamatorio articular que se puede originar por diversas razones.

¿Cómo podemos prevenir los dolores del sistema musculoesquelético?

Estos trastornos suelen cursar con dolor, limitación de la movilidad y alteración de las funciones diarias, deportivas o laborales. Una vez que el dolor ha aparecido, lo importante es tratarlo adecuadamente en sus fases iniciales, para evitar que se cronifique. Para ello, debemos detectar la causa que lo origina y realizar las pautas que nos recomiende nuestro médico o fisioterapeuta.

Si queremos evitar su aparición, es imprescindible seguir unas recomendaciones básicas:

Control de los factores de riesgo

  • Actividad física. Según las recomendaciones de los expertos, la actividad física regular es fundamental para evitar el sedentarismo y mantener nuestro cuerpo sano y preparado para nuestra actividad diaria. Esta deberá de adaptarse a nuestra condición física, a las tareas que realizamos y a nuestras patologías asociadas, ya que si nos excedemos o la realizamos de forma inadecuada podemos lesionarnos.
  • Alimentación saludable. Una dieta sin los nutrientes y las calorías adecuadas puede repercutir de forma negativa en nuestros músculos, huesos y articulaciones. Es importante mantener una correcta alimentación, para no dejar a nuestro cuerpo sin los elementos necesarios, evitar la obesidad, y no olvidarnos de beber al menos un litro y medio de agua al día.
  • Malos hábitos de salud. El tabaco y el alcohol son los malos hábitos más habituales en nuestra sociedad, que repercuten directamente en nuestro organismo y empeoran a largo plazo el sistema musculoesquelético.

Medidas activas de prevención

  • Preparación para la actividad. Cuando vayamos a realizar actividades con alta demanda física, debemos realizar previamente un calentamiento general articular y muscular. Podemos hacerlo con movimientos libres suaves de brazos, piernas y cuello. Igual de importante es recuperarse disminuyendo la intensidad de la tarea de forma progresiva.
  • Higiene postural. Mantener de forma continuada una mala postura puede originar molestias o incluso lesionarnos. Debemos colocar nuestro cuerpo de manera adecuada cuando estemos trabajando, estudiando, haciendo deporte o realizando cualquier actividad. Sin olvidarnos de movernos con regularidad, si hace falta poniendo una alarma cada 30-40 minutos que nos obligue a relajar nuestros músculos y a cambiar de posición. Igual de importante es mantener una posición correcta al dormir.
  • Organización de tareas. Dedicar un tiempo a estructurar las tareas que vamos a realizar nos ayudará a gestionar mejor nuestro espacio de trabajo y a programar los descansos.
  • Detectar signos y síntomas. Conocer cuáles son los riesgos de la actividad que realizamos habitualmente, ya sea un deporte, un trabajo o una afición, nos ayudará a detectar los primeros signos de alarma ante una lesión y podremos ponerle remedio antes de que empeore.

Es fundamental, por tanto, conocer nuestro cuerpo y cuidarlo para prevenir molestias y lesiones. 

Si no tienes claro cómo ha de ser tu postura en el trabajo, cuál es la intensidad adecuada para tus entrenamientos, o de qué manera puedes mejorar tu salud, acude a un especialista para que te oriente. No debemos olvidar que el mejor cuidado es una buena prevención.

Paula Aranda – Fisioterapeuta
N.º COLEGIADA 2385

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